Irena Sendler nació en Polonia en 1910
Su padre, un medico activista del partido socialista polaco (PSP) fue una gran influencia para la joven Irena, que trabajaba como administradora superior en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia que operaba los comedores comunitarios de la ciudad, cuando Alemania invadió el país en 1939.
Gracias a Irena, estos comedores proporcionaban comida, ropa, medicinas y dinero a las familias judías. Para evitar las inspecciones, se las registraba como pacientes de enfermedades muy contagiosas como el tifus o la tuberculosis. Entonces se les designó un área cerrada, conocida como el gueto de Varsovia, donde las familias sólo podían esperar una muerte segura. Irena logró obtener un pase del Departamento de Control Epidémico de Varsovia para poder ingresar al gueto de forma legal, y persuadir a los padres para que le dejasen llevarse a sus hijos.
Comenzó a sacar a los niños en una ambulancia como victimas del tifus, pero enseguida bolsas de arpillera, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercadería, bolsas de papas, ataúdes... cualquier elemento se transformaba en una vía de escape en manos de Irena. Luego les encontraba ubicación en casas, orfanatos y conventos.
Irena tomaba nota, por medio de una codificación, de los nombres de los niños y de sus nuevas identidades, y lo guardaba en frascos enterrados debajo de un manzano en el patio de un vecino, frente a las barracas alemanas. Tenía la esperanza de algún día poder desenterrar los frascos, ubicar a los niños e informarles de su pasado.
En total, los frascos contenían los nombres de 2.500 niños...
Los nazis la descubrieron, e Irena fue detenida . Le quebraron los pies y las piernas. Pero nadie pudo quebrar su voluntad. Irena fue sentenciada a muerte.
Finalmente la resistencia logró librarla de la Gestapo mientras era conducida al patíbulo. A partir de entonces, Sendler pasó a la clandestinidad, donde siguió trabajando para librar a otros niños judíos que solo la conocían por su nombre clave: Jolanta
Al finalizar la guerra, Irena desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2.500 niños . Trató de reunirlos con sus parientes diseminados por todo Europa, pero la mayoría había perdido a sus familias en los campos de concentración nazis.
Irena Sendler no se considera una heroína. Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones. "Podría haber hecho más," dijo.

Su padre, un medico activista del partido socialista polaco (PSP) fue una gran influencia para la joven Irena, que trabajaba como administradora superior en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia que operaba los comedores comunitarios de la ciudad, cuando Alemania invadió el país en 1939.
Gracias a Irena, estos comedores proporcionaban comida, ropa, medicinas y dinero a las familias judías. Para evitar las inspecciones, se las registraba como pacientes de enfermedades muy contagiosas como el tifus o la tuberculosis. Entonces se les designó un área cerrada, conocida como el gueto de Varsovia, donde las familias sólo podían esperar una muerte segura. Irena logró obtener un pase del Departamento de Control Epidémico de Varsovia para poder ingresar al gueto de forma legal, y persuadir a los padres para que le dejasen llevarse a sus hijos.
Comenzó a sacar a los niños en una ambulancia como victimas del tifus, pero enseguida bolsas de arpillera, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercadería, bolsas de papas, ataúdes... cualquier elemento se transformaba en una vía de escape en manos de Irena. Luego les encontraba ubicación en casas, orfanatos y conventos.
Irena tomaba nota, por medio de una codificación, de los nombres de los niños y de sus nuevas identidades, y lo guardaba en frascos enterrados debajo de un manzano en el patio de un vecino, frente a las barracas alemanas. Tenía la esperanza de algún día poder desenterrar los frascos, ubicar a los niños e informarles de su pasado.
En total, los frascos contenían los nombres de 2.500 niños...
Los nazis la descubrieron, e Irena fue detenida . Le quebraron los pies y las piernas. Pero nadie pudo quebrar su voluntad. Irena fue sentenciada a muerte.
Finalmente la resistencia logró librarla de la Gestapo mientras era conducida al patíbulo. A partir de entonces, Sendler pasó a la clandestinidad, donde siguió trabajando para librar a otros niños judíos que solo la conocían por su nombre clave: Jolanta
Al finalizar la guerra, Irena desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2.500 niños . Trató de reunirlos con sus parientes diseminados por todo Europa, pero la mayoría había perdido a sus familias en los campos de concentración nazis.
Irena Sendler no se considera una heroína. Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones. "Podría haber hecho más," dijo.




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